Las naves se ven distintas desde esta versión. El blindaje ya no reparte la luz por igual: la recoge como la recoge el acero, con brillos que corren por las placas cuando giras y zonas que se quedan en sombra.
El casco refleja el sector
Cada mapa tiene su propio cielo, y ahora se nota en el casco. Un crucero cruzando el Velo de Alción trae el azul del velo en el lomo; el mismo crucero en El Crisol viene con otro color encima. Los filos, las torretas y las junturas se leen a distancia porque son lo que primero se enciende.
El conjunto queda más oscuro y con más peso. Es a propósito: una nave de guerra de treinta metros de casco no debería verse como una maqueta iluminada por todos lados, y las franjas de facción —el azul de la Coalición, el rojo de Axios— destacan mucho más sobre un metal que sobre una superficie plana.
En toda la flota
Entra en las cinco clases de los dos bandos, en los diez diseños de la tienda, en el dron minero y en las naves que te disparan. No hay nada que activar ni ningún ajuste que tocar.
Lo que no cambia es cómo se juega. Vida, armadura, evasión, ranuras de arma y el tamaño al que te disparan siguen siendo exactamente los de siempre. Es una nave que se ve mejor, no una nave distinta.
Los motores, las estaciones y las naves nodriza se quedan como estaban: su luz propia no depende de lo que haya alrededor.
Al recoger un plano
El cono de recolección se queda apuntando al plano por mucho que gires la nave mientras lo absorbes. Antes había que sostener el rumbo para no perderlo de vista; ahora puedes maniobrar durante la recogida, que el haz sigue donde tiene que estar. Vale igual para el tuyo y para el de un compañero que esté recogiendo a tu lado.
Es un buen momento para pasar por el hangar: la nave del centro es la tuya, gira alrededor de ella y se ve el cambio de un vistazo.