Los Custodios que patrullan el frente disparan como enemigos: un arma, un arco aproximado y a por ti. El Custodio Heraldo no. El Heraldo lleva ranuras de armamento como las tuyas, y las pelea igual.
Lo que lo hace distinto
Cada ranura suya tiene su arma, su nivel, su recarga y su arco de tiro. Eso significa que el Heraldo tiene el mismo problema que tienes tú en una nave pesada: si el costado que te presenta está seco, no puede pegarte hasta que gire.
Y gira. Verás cosas que hasta ahora sólo hacían los jugadores:
- Presenta el costado cargado en vez de pelear siempre con la misma mitad de la nave.
- Deriva para traer el otro flanco sin ceder posición, que es la maniobra con la que se alterna una andanada y la siguiente.
- Guarda los misiles en lugar de gastarlos contra una burbuja de dispersor encendida.
- Sostiene el flanco mientras tiene línea de tiro, en vez de dar vueltas alrededor de ti.
Sin ventajas escondidas
Sus números salen de la clase de nave, exactamente igual que los tuyos: vida, armadura, evasión, velocidad de giro y número de ranuras son los de un casco de jugador de esa misma clase. No tiene una bolsa extra de vida ni pega más por ser un enemigo.
Lo que lo hace duro es cómo juega, y eso quiere decir que se le puede ganar por el mismo camino: mejor puntería, mejor gestión del costado, mejor uso de la distancia.
Existe en cuatro cascos —Cañonera, Corbeta, Fragata y Crucero— y los cuatro pelean con el mismo criterio.
Dónde te lo vas a encontrar
En El Crisol hay uno, un Heraldo Crucero de nivel 22, patrullando un rincón apartado del sector. Es defensivo: no ataca a la vista y no persigue a nadie. Si pasas de largo, te deja pasar. Si le pegas, tienes un duelo de crucero contra crucero.
Paga entre 450 y 720 de Nexite, y tarda quince minutos en volver después de caer. Es una pieza rara, no una cosecha.
En el frente de entrada —Sistema Zeta, el Velo de Alción, Earendel— no hay ninguno. Ahí se aprende a volar, y ése no es el sitio.
La última oleada de las incursiones
La oleada nueve deja de ser cinco naves y pasa a ser una sola: un Heraldo Crucero. Entra con sus propios números, sin el reparto de vida que escala al resto de las oleadas.
Es un cambio de ritmo además de dificultad. La incursión venía creciendo en número oleada tras oleada, y justo antes de la base se queda en silencio y aparece una nave sola. Se entiende sin necesidad de un cartel: aquí viene algo distinto.
En vida total la oleada baja. En pelea, no: llega armada al nivel de su tramo y sabe usar lo que lleva.