Hasta ahora, más allá de las rocas y las estaciones sólo había fondo. Bonito, pero igual mirases hacia donde mirases: nada te decía hacia dónde ibas. Desde hoy cada sector tiene cuerpos celestes propios, a la vista y a distancia real.
Un cuerpo distinto en cada sitio
No es el mismo planeta repintado de siete colores. Hay tres clases de mundo, y se reconocen al instante por cómo les entra la luz:
| Clase | Cómo se ve |
|---|---|
| Gaseoso | Bandas de corrientes que giran, a veces una gran mancha, y un halo de aire en el borde |
| Rocoso | Cráteres y mares oscuros, y la sombra cae a filo de cuchillo: no hay aire que difumine |
| Helado | Manto liso con grietas y casquetes en los polos |
Algunos llevan anillos —con la sombra del propio planeta proyectada encima— y algunos, lunas.
El reparto: Sistema Zeta tiene un gigante con anillos, Base Axios una roca enorme, la Base Humana un mundo helado con su luna, el Velo de Alción otro helado más pequeño, Earendel un gaseoso ocre y lejano, y El Crisol un gigante de brasa con mancha.
Y el sol se ve. Estaba iluminando el sector desde siempre, pero no había forma de saber de dónde venía la luz. Ahora está ahí, y el brillo del casco al girar concuerda con él.
Sirven de brújula
Están a más de doce mil unidades, muy por fuera del límite del sector: no se puede llegar a ellos ni chocar con ellos. Eso es a propósito. Como no te acercas por mucho que vueles, apenas se mueven, y eso los convierte en una referencia fija. Si sales de la estación con el gigante a tu derecha, sabes hacia dónde estás volviendo cuando lo tengas a la izquierda.
Las estrellas, nítidas
El cielo se dibuja ahora en dos capas: el gas de la nebulosa por detrás y las estrellas por delante, punto a punto. Se ven finas a cualquier resolución, las más brillantes florecen igual que un motor encendido, y hay una banda de Vía Láctea donde se acumulan.
Se ve mejor a quién tienes delante
Este es el cambio que más se nota jugando. Los cascos se dibujan con el tamaño que tendrían de cerca, así que una fragata a mil quinientas unidades ya se lee como una fragata, y no como un punto gris. Cada clase tiene su ajuste, y los cazas son los que menos ayuda reciben: siguen siendo pequeños y escurridizos, que es su oficio.
El rombo que marcaba cada contacto ya sólo aparece cuando el casco es demasiado pequeño para leerse. Si ves la nave, no te tapa nada. El recuadro del blanco fijado se queda como estaba.
No cambia la puntería. El fijado apunta al centro de la nave, no a su silueta, y seleccionar con el ratón sigue coincidiendo exactamente con lo que ves.
Polvo, y campos que se anuncian
El polvo del espacio pasa ahora a tres distancias distintas: el de cerca cruza la pantalla mucho más rápido que el de lejos, y esa diferencia es la que se lee como velocidad. Parado se apaga.
Y cada campo de asteroides lleva un velo de polvo que lo hace visible desde lejos, así que ya se ve adónde hay que ir a minar antes de llegar. Al entrar en el campo el velo se retira y no estorba.
Los enemigos ya no parecen chatarra
Las naves que patrullan se mueven al doble de rápido cuando no están peleando, lo bastante para que se note que están vivas desde el otro lado del sector. Y ninguna nave con tripulación aparece ya con los motores apagados: aunque sostenga la posición, las toberas están encendidas.