Los cuerpos celestes llevaban ya un tiempo ahí fuera, sirviendo de brújula. Estaban fijos: el mismo fotograma mirases cuando mirases. Desde hoy el decorado se mueve, despacio y a su ritmo, y el sector deja de parecer una foto con naves encima.

El sol se nota

El sol de cada sector reparte ahora un destello de lente: una veta horizontal, los fantasmas de color en la diagonal y un estrellado en el centro. No es un adorno pegado a la pantalla, porque se apaga cuando algo se le pone delante. Si pasas por detrás de un asteroide con el sol de frente, el destello desaparece mientras dure la sombra y vuelve al salir.

Eso lo convierte en información: te dice hacia dónde estás mirando y cuánto tienes encima.

Los mundos giran

Los planetas gaseosos rotan de verdad, y no de una pieza: el ecuador va por delante de los polos, como corresponde a una bola de gas, y la gran mancha viaja con su banda en vez de quedarse clavada. Una vuelta completa lleva unos veinte minutos, así que al volver a un sector el planeta no está como lo dejaste, pero nunca lo verás girar a ojos vistas.

Los anillos orbitan con la ley que les toca: los grumos de dentro adelantan a los de fuera, igual que en un anillo de verdad. Y siguen proyectando encima la sombra del propio planeta.

Remolinos en el gas

Sobre los núcleos brillantes de la nebulosa se abren ahora vórtices de acreción: gas que gira alrededor del punto de luz, muy lento en las galaxias y más vivo en las cuñas cercanas. Se enganchan a lo que el cielo ya trae pintado, así que no hay velos sueltos flotando por el sector: el gas gira donde el ojo ya esperaba encontrar gas.

Y no se degradan con el tiempo. Aunque te quedes una hora en el mismo sitio, el remolino sigue siendo un remolino y no se convierte en un patrón de anillos.

Cuatro cielos nuevos

Cuatro sectores cambian de fondo por completo:

Sector Cómo se ve ahora
Velo de Alción Bruma azul marino con cúmulos verde esmeralda
El Crisol Azul profundo con cúmulos de cian encendido
Base Axios Bruma oliva y oro con cúmulos rojo carmín
Earendel Un cúmulo de galaxias, con una espiral verde grande a un lado

El criterio para elegirlos no fue sólo que quedaran bonitos. El fulgor de los motores es azul frío, así que ningún cielo se queda en ese tono a pantalla completa: una nave tiene que leerse contra el gas del fondo, no perderse dentro de él. Los cielos de los otros dos sectores se quedan como estaban.

En equipos modestos

Los remolinos de gas son lo más caro de todo esto, así que en calidad baja no se montan. El destello del sol sí se mantiene en las tres calidades: cuesta poco y es lo que más se nota. No hay ningún ajuste nuevo que tocar — se reparte solo con el nivel de calidad que ya elegiste.