Un día entero en el taller. Casi nada de esto cambia una regla del juego; cambia lo que ves cuando juegas, que a veces es lo mismo.
Los tres lanzadores, entre 13 y 22 veces más ligeros
Son los modelos que más veces se instancian de todo el juego: uno por cada ranura de arma de cada nave, y un crucero tiene ocho.
| Antes | Ahora | |
|---|---|---|
| Cañón | 8.224 triángulos | 614 |
| Lanzamisiles | 11.283 | 620 |
| Cañón dispersor | 13.674 | 614 |
La caída de vértices es todavía mayor —hasta 43 veces— porque los viejos venían sin soldar: exactamente tres vértices por triángulo, cada cara con los suyos. Un crucero con ocho lanzamisiles pasa de 90.264 triángulos de torretas a 4.960.
Las nodrizas y la estación
Las dos naves nodriza son nuevas, y la estación de atraque también. La estación además está del revés: lo que era el techo ahora es el suelo. No es un giro puesto por código, va horneado en el modelo — si algún día se cambia la base, no hay nada escondido que dé problemas.
En la página de Universo las fichas de cada facción enseñaban un caza. Ahora enseñan la nodriza de cada bando junto a su estación, que es lo que de verdad dice cómo es una flota.
El dron minero, y el arreglo del día
El casco del dron es nuevo: 10.724 triángulos frente a 171.525. Dieciséis veces más ligero, con una sola textura en lugar de once.
Pero lo importante es otra cosa. Al ir a mirarlo apareció un fallo que llevaba semanas ahí y que se había reportado así: «la nave minera nunca llega a donde está el asteroide, queda absorbiendo como el aire».
Y era literal. El embudo de absorción terminaba en el vacío, siempre.
El motivo: la altura a la que aparca el dron y el largo del embudo se calculaban sobre la esfera que envuelve al asteroide, no sobre su superficie. Y estos planetoides no son esferas: se achatan eje por eje sobre unas mallas que ya venían aplanadas. En una roca de las pequeñas eso deja 38 unidades de aire entre el efecto y la piedra; en las grandes, más de 130.
Lo mejor del asunto es que ya se había intentado arreglar: hay un parche de julio que alargaba el embudo un 6 % «para que muriera dentro de la roca». Tres unidades contra un hueco de treinta y ocho.
Ahora el embudo se estira hasta la superficie de verdad. La función que lo resuelve ya existía y se usaba para otra cosa: es la misma que te deja volar pegado al casco de un asteroide en vez de chocar contra una esfera invisible. El vórtice era el único que seguía preguntando por la esfera.
Y la herramienta que existe para revisar ese efecto nunca lo cazó: montaba una esfera perfecta, el único caso en que el semieje mayor y la superficie coinciden. Una prueba que monta un caso que no puede darse en el juego no prueba nada. Ahora usa una roca de verdad, y busca entre doscientas la más achatada.
El misil, y por qué ahora se ve de dónde viene
Los tres misiles de facción se sustituyen por uno solo para los tres bandos. Perder la silueta propia no quita nada: un misil mide 1,4 unidades y se ve entre 100 y 1.400 de distancia, o sea entre uno y diez píxeles. A ese tamaño no hay silueta. Lo que se lee es el color, y eso ya iba teñido con el del bando que dispara.
Lo que sí es nuevo: estela de humo. Las bocanadas se quedan flotando en el sitio y dibujan el camino que ha recorrido el misil, así que por fin se ve de dónde viene uno que te llega de lejos. La llama y la luz decían que había un misil; no por dónde había entrado.
El humo además sobrevive al misil: antes la estela habría desaparecido de golpe en el instante del impacto, que es justo cuando estás mirando ahí.