Un día entero en el taller. Casi nada de esto cambia una regla del juego; cambia lo que ves cuando juegas, que a veces es lo mismo.

Las nodrizas y la estación

Las dos naves nodriza son nuevas, y la estación de atraque también. Son las siluetas más grandes del juego y las primeras que ve alguien que acaba de elegir bando, así que merecían un repaso a fondo.

En la página de Universo las fichas de cada facción enseñaban un caza. Ahora enseñan la nodriza de cada bando junto a su estación, que es lo que de verdad dice cómo es una flota.

Los lanzadores, más limpios

Cañón, lanzamisiles y cañón dispersor estrenan modelo. Son las piezas que más veces aparecen en pantalla —una por cada ranura de arma de cada nave, y un crucero tiene ocho—, así que cualquier mejora ahí se nota en todas partes: las torretas se leen mejor de lejos y el juego respira más holgado en las peleas grandes.

El dron minero, y el arreglo del día

El casco del dron es nuevo, mucho más limpio y con una sola textura.

Pero lo importante es otra cosa. El vórtice de extracción ahora se estira hasta la superficie de la roca, sea cual sea su forma.

Y esa forma importa: los asteroides de AXIOM no son bolas. Están achatados eje por eje, cada uno con su perfil, y el embudo de absorción tiene que llegar a la piedra de verdad, no a la esfera imaginaria que la envuelve. En una roca pequeña eso son casi cuarenta unidades de diferencia; en las grandes, más de ciento treinta.

Ahora el dron aparca a la altura correcta y el efecto muere dentro del asteroide, que es donde tiene que morir. Se ve sobre todo en las rocas más planas, que son justo las que peor quedaban.

El misil, y por qué ahora se ve de dónde viene

Los tres misiles de facción se sustituyen por uno solo para los tres bandos. Perder la silueta propia no quita nada: un misil se ve entre 100 y 1.400 unidades de distancia, y a esa distancia no hay silueta que valga. Lo que se lee es el color, y eso ya iba teñido con el del bando que dispara.

Lo que sí es nuevo: estela de humo. Las bocanadas se quedan flotando en el sitio y dibujan el camino que ha recorrido el misil, así que por fin se ve de dónde viene uno que te llega de lejos. La llama y la luz decían que había un misil; no por dónde había entrado.

El humo además sobrevive al misil: la estela sigue ahí un momento después del impacto, que es justo cuando estás mirando.