Cuando atracas en tu base, ya no se abre un panel encima del espacio. Entras. El hangar es una sala con tu nave posada en el centro, sobre el emblema de tu facción, y todo lo que hacías antes desde un menú está ahora repartido por sus paredes.

Se maneja mirando alrededor

En el muro del fondo hay seis pantallas, y cada una lleva escrito lo que abre: Tienda, Misiones, Clan, Ranking, Códigos e Incursión. Se pulsan directamente. Debajo tienes la barra de siempre con las ocho secciones, y Salir al espacio es la última celda de esa barra, con su propio icono.

Las pantallas no son decoración: enseñan tu estado de un vistazo antes de abrir nada. Cuánto Nexite y Elisium llevas encima, por dónde va tu misión activa, cuántos sois en el clan, cuántos Puntos de Guerra te faltan para el siguiente rango y cómo va tu progreso de la Anomalía.

Y Esc, con todo cerrado, abre Ajustes. Nunca despega: para volver al espacio hay que decirlo.

Ahí dentro trabaja gente

El hangar tiene tripulación, y cada uno está haciendo algo. Una oficial supervisa el morro de tu nave —es la misma que te da la bienvenida al atracar—, una piloto revisa el casco por el costado, dos conversan en primer plano, un técnico teclea en la bancada del taller y otro recorre la sala haciendo su ronda. En el hangar de Axios, dos centinelas acorazados flanquean la puerta blindada.

También hay maquinaria, y está repartida por oficios: el taller con sus brazos robóticos y su generador a un lado, la zona de carga con la carretilla y el andamio al otro, y una grúa y un dron de vigilancia en el patio.

Tu nave, la que vas a despegar

La nave del centro es la tuya, con el casco que lleves puesto. Si te cambias de clase o te pones otro diseño, la del hangar cambia con ella: lo que ves en el suelo es lo que va a salir por la puerta.

El suelo del patio lleva el emblema de tu facción incrustado, azul en la Coalición y carmesí en Axios, así que se sabe en casa de quién estás desde el primer segundo.